Pet·it   Plai·sirs

Pequeños placeres

pet·it  plai·sirs

 /ˈpedē/   /ˈplai-sers/

 (Pequeños Placeres)


Era un día frío de marzo. Lúgubre y nublado, todo el país estaba conteniendo el aliento y esperando un anuncio que cambiaría nuestras vidas de maneras que mi generación (que solo ha conocido los frutos de la libertad y la paz) no podía siquiera imaginar. El primer ministro (del Reino Unido) anunció medidas que restringían nuestra libertad de movimiento, medidas que este y muchos otros países no habían visto desde tiempos de guerra. Todos los negocios no esenciales tuvieron que cerrar, no se nos permitía salir de casa a menos que fuera absolutamente necesario y la vida se volvió, bueno… básica, simple y terriblemente monótona.

Después de unas semanas, todos aprendimos a navegar y sobrellevar la situación lo mejor que pudimos. Empezamos a descubrir los placeres sencillos que ofrecía la llamada "nueva normalidad". Encontrar el último paquete de harina en tu supermercado local para poder empezar tu nuevo hobby de panadería casera. Caminar hasta esa pequeña charcutería a pocas cuadras que tiene helados gourmet. Tu mejor comida casera. Abrir esa buena botella de vino que estabas guardando para esa "ocasión especial". Darle una oportunidad a esa serie de Netflix que no te convencía, ¡y que te terminara encantando! Y por último, pero no menos importante, las alegrías de la ropa cómoda. ¡Oh! las alegrías de la ropa cómoda (suspira); de vivir una vida en la que todo lo que usas se siente como un abrazo y nunca como un corsé.

El diccionario define "especial" como mejor, mayor o diferente de lo habitual. Bueno, no estoy segura de si definiría estos tiempos como mayores o mejores, pero ciertamente son diferentes de los que solía vivir. Y nunca he necesitado más que AHORA encontrar esos pequeños momentos especiales en mi vida cotidiana, para convertir esta vida excesivamente casera en mi particular dicha doméstica. Buscando inspiración en esas grandiosas divas de Hollywood de mediados de siglo y sus fabulosos camisones (que parecían más vestidos de gala que cualquiera de mis viejos y tristes pijamas), inicié una búsqueda en línea muy seria del camisón definitivo que pareciera un vestido... Solo tomó 8 meses, pero mi búsqueda finalmente ha terminado.


Con amor,

La familia del Proyecto Lulo.

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